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An essay on pirate treasure in Madagascar

The following are negative views regarding pirate treasure.

Charles Grey



Rebecca Simon



Patrick Pringle



Benerson Little



The summary of their view is that pirates did not often plunder inorganic treasures like gold and gems. Because they divided the loot equally, pirate captains did not amass enormous wealth, and such treasures were spent immediately after distribution. Even if they were not spent, there would be no reason to bury them.

Here is my counterargument: The pirates in Madagascar plundered large quantities of gold and gems. There were no places in Madagascar to spend all this wealth, so the treasure was stored there until it could be used for trade with European ships. Furthermore, the pirates faced numerous dangers and threats in Madagascar. By citing examples from around the world, I have shown that burying one's assets to protect them was a common practice for people in such precarious situations. I agree that pirate captains didn't get their hands on vast fortunes. What I'm picturing is treasure buried by ordinary pirates.

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Tim Travers
Buried Treasure

The question of buried pirate treasure is an exciting one, but unfortunately very few pirates buried any treasure for a number of reasons. First, and most important, very few pirates managed to keep any of their treasure, because it was all spent in gambling, drinking, womanising, and other pleasures, so that there was nothing left to bury. Secondly, many ships that were seized contained items that could not easily be buried, such as bales of cotton, calico, muslin, and silk, provisions, bulky goods, wine, brandy, spices, and of course, slaves. Thirdly, when pirates did capture treasure such as jewelry, gold dust, bars of silver, and so on, it was shared out very carefully among the pirate crew, so that no large amount was left to bury. Fourthly, when pirates returned to their ports or sought protection for their treasure in different safe locations, they had to pay off greedy and corrupt colonial Governors, such as Nicholas Trott of the Bahamas, and with what was left usually tried to turn their treasure into land or property or ships, so again there was nothing left to bury. Fifthly, even if there was some treasure buried, it would be recovered quite quickly by the pirates who buried it. Sixthly, although some pirates such as Henry Avery's men in the Red Sea, collected between £700 and £1,000 pounds each, others often made very little. So of course, there was nothing for them to bury. In one case, there was not enough treasure to go around a group of pirates on St Mary's Island, Madagascar. The loot was supposed to be distributed to 14 pirates by Captains Tew, Rayner, Mason and Coats, but there simply wasn't enough to distribute, so these 14 pirates formed themselves into two groups of seven men each, and fought it out. The result was that 'one of the said Sevens were all killed, and five of the others, so that the two which survived Enjoyed the whole Booty. 61 Finally, the buried treasure that does exist is usually to be found in children's stories (Treasure Island), or in film versions of what pirates were supposed to do with their plunder (Blackbeard the Pirate, 1952).

I've looked into the treasure looted by Madagascar pirates before; they often got a share of several hundred pounds each. (And they also frequently looted gold, silver, and jewelry.)
 
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The 1724 record that I frequently quote was originally translated into English from the French text. However, since the quality of that translation has been criticized, I have included a Spanish translation by a professional translator below.

En septiembre de 1724, la situación de los últimos piratas abandonados en Madagascar es catastrófica. El gobernador de Bourbon, Desforges Boucher, ya ha tomado las medidas que se imponían cuando informa a Versalles: «En la isla de Madagascar ya no quedan más que unos cuarenta de esos desgraciados degradados sin buque que imploran su amnistía al no poder subsistir, y mueren de miseria a pesar de poseer gran cantidad de diamantes que no les sirven de nada para procurarse lo necesario para sobrevivir, pues de hecho no tienen ni un óbolo en dinero líquido. Aún eran unos sesenta a principios de este año, pero dieciocho o veinte se separaron en una barca de alrededor de veinticinco toneladas y vinieron aquí a solicitar su amnistía y la de los otros que se habían quedado en Madagascar.

Mientras la mayor parte de sus compadres se hallaban aquí en tierra, los que permanecieron a bordo asesinaron a tiros a las diez de la noche a su capitán, llamado John Cleyton, inglés, con una pistola cargada con tres balas disparadas por la espalda y tan a quemarropa que el taco prendió fuego a su camisa. Inmediatamente se llevaron la barca, pero después de haber arrojado al agua en su pequeña piragua a cinco de ellos, cosidos de heridas que habían recibido queriendo vengar a su capitán.

Lograron llegar a tierra con todas las heridas que tenían, y desde entonces no hemos sabido qué ha sido de ellos. Los que permanecieron en tierra así como los que escaparon han quedado completamente a cargo de la colonia, donde sus diamantes no son mercancía corriente aunque tengan cantidades de gran consideración. Envío a Francia en el buque de la Compañía, el Royal-Philippe, a casi todos esos miserables con su inicuo botín, deslastrando gustosamente de esa chusma a esta colonia que posee otras cosas más útiles para el Estado»lxxx.

En realidad, el capitán del Royal-Philippe no embarcó más que a seis piratas a bordo, por prudencia. Los demás seguían en Madagascar al cabo de un año, pero su número había disminuido a veintiocho, entre los que se hallaba el legendario La Buse: «La mayor parte de ellos ha sido masacrada y envenenada por los negros o por ellos mismos. Los que permanecen en la isla son los más miserables de ellos, entre los que se cuenta La Buse, que ha sido uno de sus capitanes y que, después de haber disipado o extraviado el indigno fruto de sus piraterías, ha acusado a los que le escoltaban de aprovecharse de la impunidad que se le ofrecía [...]. Mas el resto de la población, por las exacciones que cometieron para procurarse esclavos y mujeres, a duras penas los podían soportar, aprovechando el menor incidente para eliminarlos físicamente o para, más sutilmente, envenenarlos poco a poco. [...] Viven alejados los unos de los otros sin vínculo alguno. Están en esta costa de Ambanivoulle desde el grado 13, 40 minutos, donde está la gran punta que, con sus arrecifes, forma una especie de fuerte llamado Anglebay, hasta el río de Manangharre, que dista poco de la bahía de Antongil. A lo largo de esta costa es donde se halla la isla de Sainte-Marie, que tiene en una pequeña bahía un puerto bueno aunque un poco estropeado por los restos de navíos hundidos con toda su carga. No fue a esta isla donde se retiraron los piratas, como se creyó, sino que sólo están en uno de los islotes cercanos. Allí vive un mulato atrincherado tras unas empalizadas en las que ha montado algunas piezas de artillería, como hacen en su sitio cada uno de esos bribones convertidos en habitantes de estas islas, al verse obligados a permanecer en guardia los unos contra los otros. Animan a venir a vivir con ellos y tomar su defensa a los negros de los alrededores del lugar donde se establecen. Éstos les son devotos en tanto que pueden esperar recibir de ellos algún beneficio, y cuando ya no pueden sacarles nada, los asesinan o envenenan. Sin embargo, se quedan con sus hijos mulatos, nacidos de la alianza de esos piratas y las mujeres del país, a los que aprecian mucho. Muchos de ellos se hacen jefes de los asentamientos y gozan de una gran autoridad entre los negros, que gustosamente les ponen a la cabeza cuando van a la guerra. Casi todos esos mulatos, cuando han hallado la ocasión, han seguido las huellas de sus padres y han practicado el corso».

Queda muy claro que Daniel Defoe, el padre de Robinson, erró el camino al proyectar su utopía por el lado de los piratas de Madagascar. Con este último y abrumador testimonio resulta evidente que nos hallamos muy lejos de esa «Libertalia» soñada por el novelista.

(Jean-Pierre Moreau Piratas: Filibusterismo y piratería en el Caribe y en los Mares del Sur (1522-1725))
 

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